William Buford, la sonrisa de Toledo

Un 10 de enero de 1990 nacía en Toledo William Terrell Buford Junior. Su Toledo, lejos de asemejarse a la capital manchega, se sitúa en el estado de Ohio, lugar de manufactura de los automóviles Jeep y denominada la ciudad de cristal por ser puntera en las edificaciones de vidrio, estas sirvieron como espejo a un joven William que nació con una sonrisa en la cara.

Buford anotó sus primeras canastas en las pistas de Toledo, donde ya deslumbraba a propios y extraños por su desparpajo a la hora de jugar contra chicos mayores que él y ganarles. Mucha gente hablaba sobre lo que el joven William podía llegar a hacer, pero a él solo le importaba jugar para divertirse. Ya en el instituto demostró que era una auténtica estrella asolando a todo el que se le ponía por delante con verdaderas exhibiciones, que le llevaron a ser nombrado Ohio Mr. Basketball y participar en el All American y el Jordan Brand Classic, lugares donde solo acuden los mejores prospects de instituto del país.

Llegaba el momento de elegir universidad, y a su teléfono llamó la prestigiosa Ohio State, ante esta situación William no pudo hacer otra cosa que aceptar la oferta, iba a recalar en la mejor universidad del estado, iba a ser un “Buckeye”. Todo iba viento en popa para William, el chico que avasallaba desde tempranas edades ahora llegaba al baloncesto universitario, y su temporada Freshman no fue nada desdeñable, yendo de menos a más y acabando como titular, se acabó la fase regular con unos promedios de 11,3 puntos y 3,7 rebotes para el número 44 de Ohio, siendo nombrado Freshman of the year en la conferencia Big Ten. En el torneo NCAA se cruzaron con Siena en un partido que llegó hasta las 2 prórrogas y que acabaría con derrota para los de Ohio, un final amargo para una prometedora primera temporada y que impulsaría aún más las ganas de triunfar.

El año sophomore de nuestro protagonista coincidiría con el último en Ohio de Evan Turner, quien por entonces era la estrella del equipo y que dio un gran salto, lo que permitió a William crecer sin la presión de ser el primer espada demasiado pronto. Había ganado madurez en su juego y eso se notaba, aumentando exponencialmente su versatilidad y confianza, con jugadas como un mate remontando linea de fondo ante Northwestern. Llegaron al torneo NCAA siendo #2 en su parte del cuadro NCAA, esta vez pasando las 2 primeras rondas y cayendo en semis regionales contra Tennessee.

La despedida de Turner y la llegada de Sullinger iban a seguir dejando a William en un segundo plano estadístico pero siendo el líder espiritual del equipo, se había producido un estancamiento en cuanto a números, pero su importancia y su gran sintonía con el equipo les llevaron a dominar la NCAA la temporada 2010/2011, con un equipo imparable que acabó 32-2 y se le situaba como el máximo favorito para asaltar el título de campeón, estaba cerca la gloria y parecía todo de cara para los Buckeyes, volvieron a ganar fácilmente en las 2 primeras rondas y en la tercera aparecía Kentucky, una Kentucky donde estaban futuros NBA como Brandon Knight, Doron Lamb o Terrence Jones. Y entonces llegó la noche más gris del sonriente Buford, registró un 2/16 en tiros de campo y el equipo que había dominado la NCAA aquella temporada perdía 60-62, aquel golpe era insalvable, William tenía planeado dar su salto a la NBA la temporada siguiente, pero este inesperado suceso le hizo replantearse que lo mejor sería acabar su ciclo universitario.

Llegaba la última temporada de William y el equipo no fue tan brillante como la anterior, pero seguía siendo muy resolutivo, Sully dominaba y Buford se postulaba como decisivo con jugadas como el game winner en la cancha de los spartans de Michigan State.

Y llegó otra vez el torneo NCAA y esta vez no les iban a pillar en bragas, superando las 3 primeras rondas llegaban a la final regional, el preámbulo a la Final Four, les esperaban los Oranges de Syracuse, tras una primera parte igualada, volvían los fantasmas de temporadas anteriores, pero no iba a ser tan fácil ganarles, y con una segunda parte memorable en el apartado ofensivo anotando 48 puntos, los Buckeyes estaban en la Final Four, habían conseguido el billete a Nueva Orleans y el título de campeones regionales, y Buford por fin iba a conseguir exponer su sonrisa en unos de los mayores eventos deportivos a nivel mundial. 31 de marzo de 2012, William Buford estaba ya seguramente viviendo su último fin de semana como jugador de baloncesto universitario, el rival en semifinales era Kansas, Thomas Robinson había dominado la NCAA al poste y fue a la postre top 10 del draft, pero Ohio empezó mucho mejor el partido y al descanso se iban ganando de 9, nada parecía indicar que se fuese a torcer la cosa, pero el equipo empezó a sestear y se llegó a los últimos 27 segundos con 3 arriba para Kansas y bola Ohio, DeShaun Tomas falló 3 triples seguidos, pero el último fue convertido por William en un mate. Kansas anotó sus 2 tiros libres y Craft solo anotó 1 de los 2 dejando a Ohio con la miel en los labios y finalizando la carrera universitaria de Buford.

Entró el verano de 2012, época de draft y workouts, y William tenía la mente puesta en la NBA, pero la suerte otra vez más no estaba de su lado y la noche del draft su nombre no sonaría en el Madison Square Garden, pero a pesar de todo se unió a los Timberwolves para la Summer League de Las Vegas. Su participación no cuajó y durante esos años William andó deambulando por las ligas de desarrollo de Estados Unidos, hasta que hace casi un año Swassass le llamará para hacer pretemporada con el UCAM Murcia. Buford nunca había salido de America para jugar a baloncesto, y descubrir el baloncesto europeo suponía una nueva experiencia para él, que aparte de poder servirle como trampolín podría ser divertida, así paradojas de la vida el chico nacido en Toledo se trasladó hacía el otro país del mundo con un Toledo. Y el joven de la eterna sonrisa triunfó aquella pretemporada, deslumbraba con su desparpajo y su calidad en el 1×1, su imparable dribbling tras recibir que acababa en un triple y que era imparable le hizo ganarse un contrato en Murcia con un buen sueldo, pero delante iba a tener a una estrella como James Feldeine, solo se le iba a pedir que aportase lo suyo desde el banco.

La temporada 17 fue para Buford algo así como la de su adaptación, era rápido pero a veces abusaba demasiado del triple, aún así cumplía su rol de anotador desde el banco perfectamente, y el equipo se clasificaba para los playoffs de ascenso a ACB in extremis, otra vez Buford frente a unas eliminatorias, otra vez semifinales, pero esta vez sin la presión de ser los favoritos, solo para ir a ganar experiencia, y que experiencia, disputaron los 3 partidos y medio a cara de perro contra el que seguramente era el mejor manager de la LEB, Alberto. Se perdió el primero en Sevilla por poco, pero en Murcia no fallaron a su afición y en las retinas aún está un límite de Buford a 8 metros sobre el final de la posesión cuando quemaba la bola, el último partido duró 2 cuartos, la tensión y la inexperiencia pasaron factura en el equipo y otra vez Buford volvía a caer en unas semifinales.

El segundo año de Buford en Murcia comenzó donde acabó el anterior, en Sevilla y con una actuación horripilante, William no conseguía consistencia en su juego y eso hacía pensar que no era el jugador más indicado para el puesto, pero él, como siempre había hecho, siguió con su sonrisa, y el pasado jueves ante Estudiantes consiguió volver a deslumbrar al público con entradas vertiginosas y mates deslumbrantes que supusieron la remontada del club pimentonero, pero aún quedaba el partido más importante de la temporada hasta el momento, el duelo contra Andorra prácticamente decidiría que equipo sería el que jugase el playoff de ascenso de los 2, su equipo se veía 15 abajo en el segundo cuarto, y entonces la eterna sonrisa de Toledo decidió hacer su mejor partido hasta el momento, culminó la remontada murciana y puso tierra de por medio para que el equipo gestionase la renta y consiguiese la victoria, con 20 puntos, 8 rebotes y 3 triples para 22 de valoración, William demostró que su sonrisa puede ayudar a superar cualquier mal trago. Este fin de semana William se encuentra otra vez ante unas semifinales contra el Gran Canaria de Mou, y por primera vez siente que pase lo que pase, nadie le podrá vencer, porque aquel chaval que ganaba en las canchas de Toledo, el que fue All American y el que cayó múltiples veces por rentas insignificantes en el torneo NCAA, sabe que si sonríe, al final nadie le parará.

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